"Mi niñera era una espía de la KGB y descubrí que envenenó a su marido en el sillón donde me daba la leche"

La escritora argentina Laura Ramos en su oficina.

Fuente de la imagen, Alejandra López

Pie de foto, La espía le daba la merienda después de la escuela a la escritora argentina Laura Ramos cuando tenía unos 7 años.
    • Autor, Cecilia Barría
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Tiempo de lectura: 6 min

No se llamaba María Luisa.

Tampoco era niñera, ni modista, ni una mujer dedicada al hogar en el Montevideo de los años 50 y 60.

Todo eso era, en realidad, una fachada para esconder su verdadera identidad: África de las Heras, la agente secreta del servicio de inteligencia de la Unión Soviética (KGB) que -utilizando Uruguay como base de operaciones- se encargó de tejer una red de espionaje en plena Guerra Fría.

Esta militante comunista española integró la resistencia contra el general Francisco Franco en Barcelona antes de desarrollar una extensa carrera al servicio de los intereses soviéticos. Su seudónimo dentro de la KGB era "Patria".

Durante la Segunda Guerra Mundial, registros señalan que fue telegrafista en los bosques de Ucrania contra la ocupación nazi; luego participó en la planificación del asesinato de León Trotsky en México; realizó labores de espionaje en París; trabajó como instructora de espías en Moscú; y manejó operaciones de inteligencia desde Uruguay durante dos décadas.

Con el rango de coronel y una larga lista de condecoraciones, África de las Heras murió poco antes del desmoronamiento de la Unión Soviética y se llevó a la tumba secretos que quizás nunca verán la luz.

Muchos de los que la conocieron personalmente nunca se enteraron de quién era realmente esta mujer. Lo mismo le pasó a la escritora argentina Laura Ramos, hasta que un día su hermano le abrió los ojos.

Portada de libro donde aparece África de las Heras, foto en blanco y negro, fecha desconocida.

Fuente de la imagen, Gentileza Random House

Pie de foto, La española África de las Heras vivió dos décadas en Uruguay y desde ahí tejió una red de espionaje soviético.

En su libro "Mi niñera de la KGB", Ramos cuenta cómo fue su relación con África de las Heras durante su infancia y comparte una extensa investigación que hizo durante cinco años tratando de descubrir quién había sido esta mujer que le daba la merienda después del colegio.

Se trata del primer libro escrito por alguien que la conoció personalmente y que se aventuró por los recovecos más profundos de la vida de la espía española en su paso por América Latina.

Durante esa aventura, Ramos hizo un hallazgo que le pareció tan sorprendente como aterrador.

"Ella envenenó a su marido en el mismo sillón donde yo me sentaba a tomar la leche. Eso me parece escalofriante".

La bomba atómica

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¿Pero qué hacía África de las Heras en Uruguay? La historia de cómo llegó a ese país sudamericano comienza en París, le dice Ramos a BBC Mundo.

Cuando estaba en la ciudad francesa, "ella sedujo al escritor uruguayo más pobre y más talentoso que había en ese momento, Felisberto Hernández. Se casaron y llegaron a Montevideo a fines de 1947".

Precisamente porque Uruguay estaba fuera del radar, parecía ser un buen lugar para crear una base que sirviera para coordinar y conseguir documentos falsos para los agentes soviéticos cuyo objetivo era conseguir información sobre la bomba atómica de Estados Unidos, una de las mayores preocupaciones de Moscú al comienzo de la Guerra Fría.

Estos documentos, cuenta la escritora argentina, "los obtenía yendo a los cementerios del interior del Uruguay y allí buscaba las tumbas de los niños muertos. Cuando encontraba tumbas de niños, iba a los registros civiles de los pueblos, pedía las partidas de nacimiento y luego confeccionaba documentos falsos de esos niños que no habían vivido".

Explosión nuclear sobre Hiroshima, Japón, el 6 de agosto de 1945. Foto en blanco y negro.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Explosión nuclear sobre Hiroshima, Japón, el 6 de agosto de 1945.

Para tener una fachada creíble en Montevideo que no levantara ninguna sospecha, la espía española se acercó a los intelectuales uruguayos, muchos de ellos amigos de su esposo Felisberto Hernández.

Frente a ellos, De las Heras se presentaba como una persona sin interés en los temas políticos, les ofrecía ayuda para cuidar a sus niños y se dedicaba a hacer trabajos de modista.

La madre de Ramos la conoció en aquella época, antes de irse a vivir a Argentina, donde nacieron sus dos hijos. Años después, la madre volvió a Montevideo con sus hijos y retomó el contacto con la espía, cuyo nombre en Uruguay era María Luisa.

El "arma infalible"

Ramos recuerda que la agente de la KGB, cuidó de ella y su hermano en el año 1964, cuando iban a un colegio que se llamaba Escuela Francia, el cual quedaba a la vuelta de la casa de África de las Heras.

"Tengo el recuerdo muy nítido de verla parada en la puerta de nuestra escuela", dice Ramos. "Ella nos iba a buscar a la escuela y nos llevaba a su casa a tomar la merienda".

Sello postal ruso con un dibujo de África de las Heras.

Fuente de la imagen, Documento público

Pie de foto, En la Unión Soviética consideraban a África de las Heras como una heroína por sus servicios de inteligencia y la inmortalizaron en un sello postal.

Era una señora de mediana edad, cuenta Ramos, "canosa, más bien un poco robusta, pero no gorda, y de talla baja; tengo muy nítido el recuerdo de que vestía una falda y una blusa, y no tenía acento español".

La escritora recuerda que la niñera/modista tenía una voz apacible y le contaba historias de "La cuarta altura", una biografía sobre la soviética Gulia Koroliova. "No era una persona dulce, para nada, era más bien seca".

A Ramos y su hermano les encantaba ir a la casa de África de las Heras porque tenía lo que considera "un arma infalible".

"Eran unas masitas muy ricas, muy caras, del Oro del Rhin o de La Mallorquina, que nos daba para la merienda", junto a un café con un poco de leche.

Dos muertes

Reconstruyendo los pasos de la espía en su paso por Uruguay, Ramos cuenta que De las Heras se separó del escritor uruguayo Felisberto Hernández apenas obtuvo la ciudadanía y unos años después, se casó con un espía italiano, Valentino Marchetti, que los soviéticos le enviaron como jefe.

Compraron una casa en la calle Williman de Montevideo, que terminó siendo la misma casa donde Ramos y su hermano iban a tomar la merienda después de la escuela.

Mientras investigaba la historia de la española, encontró en un cassette una grabación en la que una mujer uruguaya, "una bibliotecaria que había sido cooptada como espía", revela secretos sobre África de las Heras que la relacionan con dos muertes.

La escritora argentina Laura Ramos con un sweater negro.

Fuente de la imagen, Alejandra López

Pie de foto, Ramos descubrió una grabación que vincula a la espía con dos hombres muertos en Uruguay.

En la grabación, dice Ramos, la uruguaya cuenta que la agente de la KGB "envenenó a su esposo", el italiano Valentino Marchetti, y que le pidió ayuda "para trasladar el cadáver de un cuarto a otro".

También habría participado en la muerte del profesor universitario uruguayo Arbelio Ramírez, durante un acto de Ernesto "Che" Guevara en Montevideo en 1961, dice la escritora.

Aparentemente, agrega, Arbelio Ramírez también había sido cooptado para trabajar con ella en labores secretas.

¿Qué evidencia existe de que De las Heras tendría participación en el envenenamiento de su esposo italiano y de quien habría sido su colaborador, Arbelio Ramírez?, le pregunto.

"El médico que ella llamó -para hacer el certificado de defunción de su esposo, del espía italiano envenenado- es el mismo médico que contrató tres años antes para hacer la autopsia de Arbelio Ramírez", dice la escritora.

En mi libro "yo expongo las pruebas que están en la grabación. Está todo documentado", apunta.

"Según la grabación, ella envenenó a su marido en el mismo sillón donde yo me sentaba a tomar la leche. Eso me parece escalofriante".

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