"Nervios de acero": Tammie Jo Shults, la piloto de combate que salvó la vida de 148 pasajeros

La teniente Tammie Jo Shults, una de las primeras mujeres pilotos de combate de la Armada de EE.UU., posa frente a un avión F/A-18.

Fuente de la imagen, US Navy/PH2 Thomas P. Milne/Getty Images

Pie de foto, Tammie Jo Shults fue una de las primeras pilotos de combate de la armada de EE.UU.
    • Autor, Redacción*
    • Título del autor, BBC News
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 6 min

Tammie Jo Shults había soñado con pilotar aviones de combate. Creció en la década de 1960 en un rancho cerca de la Base Aérea Holloman, en Nuevo México (Estados Unidos), y le encantaba ver los aviones rugir sobre el granero de su familia.

Volar le parecía algo mágico.

Trabajaba duro en la granja y a los nueve años ya conducía un tractor.

Sus padres no hacían distinción entre hombres y mujeres a la hora de trabajar, y la animaron a encontrar una carrera que le gustara.

Así que Shults le dijo a su madre: "Quiero pilotar aviones de combate". Su madre le respondió: "Tammy, esa gente es muy inteligente".

Fue la primera señal para Shults de que el camino para convertirse en piloto no sería sencillo.

Los obstáculos

En una jornada de orientación profesional en el bachillerato, fue a la clase de aviación y el coronel a cargo dijo: "Esta es la jornada de orientación profesional, no la de pasatiempos: tienes que encontrar algo que una chica pueda hacer".

Shults se sentó de todos modos y, mientras escuchaba, su entusiasmo creció.

"Fue emocionante hasta el final. Y me di cuenta de que... no había escuchado nada que escapara a la comprensión de la mente femenina", narró.

Salió de la clase más decidida que nunca a convertirse en piloto militar.

Al terminar la universidad, llamó a la puerta de un reclutador de la Fuerza Aérea. "Me escuchó. Y luego me dijo: 'Lo siento, pero no reclutamos mujeres'", recordó Shults.

Fue la primera de muchas puertas que le cerraron en la cara.

Tres mujeres pilotos de combate frente a un avión F/A18, las tres con sus cascos en las manos.

Fuente de la imagen, Tammie Jo Shults

Pie de foto, Shults debió sorportar varios rechazos antes de conseguir estar al mando de un avión de combate.
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Decidió probar suerte en otras ramas de las fuerzas armadas estadounidenses que también operan aviones, incluyendo el ejército —donde le dijeron que no encajaba— y luego la marina, donde al menos le permitieron hacer la prueba.

"El reclutador me dijo: 'Lo siento, obtuviste una puntuación lo suficientemente alta para un hombre, pero no para una mujer. Tienes que obtener una puntuación más alta si quieres ser piloto'", relató Shults.

Regresó a la universidad para cursar estudios de posgrado, pero sabía que debía intentarlo una vez más.

Tras finalizar sus estudios en 1985, acudió a otra oficina de reclutamiento de la marina y le dijo al reclutador que no había obtenido una puntuación lo suficientemente alta "para ser mujer" y que quería repetir la prueba.

"Y él me dijo: '¿De qué hablas? No tenemos puntuaciones diferentes para hombres y mujeres'. Entonces me dijo: 'Voy a comprobar tu puntuación'. Y así lo hizo. 'Tu puntuación está bien', me aseguró".

Unos meses después, con la cabeza rapada, estaba haciendo flexiones en la Escuela de Candidatos a Oficiales de Aviación en Florida.

Volar era tan mágico como Shults lo había soñado. Se cualificó como piloto y se convirtió en instructora, especializándose en "vuelos fuera de control".

Esto consistía en elevar la aeronave hasta unos 9.140 metros y hacerla entrar en barrena. El estudiante tenía entonces la responsabilidad de recuperar el control; de no lograrlo, Shults asumía los mandos.

La piloto Shults durante una entrevista tras el accidente que logró sortear.

Fuente de la imagen, Disney General Entertainment Content via Getty Images

Pie de foto, Las acciones de Shults le ganaron la atención de los medios y el reconocimiento de las autoridades en su país.

Todo aquello fue una excelente práctica para lo que viviría un día, hace ocho años, cuando el motor de su propio avión de pasajeros explotó.

Para entonces, tenía una carrera de una década como piloto de la armada de EE.UU., período durante el cual conoció a su marido. En la década de 1990, ambos dejaron el uniforme y formaron una familia.

Los dos encontraron trabajo como pilotos comerciales para la aerolínea estadounidense Southwest Airlines.

El 17 de abril de 2018, el vuelo 1380 iba cargado de combustible para un viaje largo entre La Guardia (Nueva York) y Dallas (Texas). Todos los asientos estaban ocupados y cuando el avión alcanzó los 10.060 metros, Shults oyó una explosión.

Lo primero que pensó fue que habían sufrido una colisión en el aire.

"(El avión) se deslizó lateralmente, se inclinó bruscamente en picada y realizó un giro repentino hacia la izquierda", contó Shults.

La mujer recuperó el control de la nave, pero esta comenzó a temblar con tanta intensidad que no podía leer los instrumentos.

Apelando a los instintos

La cabina se llenó de humo y se escuchó un estruendo tan fuerte que Shults y su primer oficial no podían oírse.

Lo que no sabía era que un trozo de una de las palas del ventilador se había desprendido, penetrando en el motor y provocando su explosión. Solo después descubrió que la cubierta del motor había quedado hecha jirones.

"[Estaba] Desprendida como una banana, pero seguía unida a la base del ala", relató.

Una de las ventanas fue alcanzada por los escombros y cedió, causando una rápida pérdida de presión en la cabina.

"A esa altitud, ya sabes, los senos paranasales no pueden igualar la presión atmosférica tan rápido como la del aire. Así que duele muchísimo", explicó Shults. Sentía dolor desde las orejas hasta el cuello.

A pesar de todo, su instinto y su entrenamiento se impusieron. Así logró poner rumbo al aeropuerto más cercano, el de Filadelfia.

"Recuerdo haber pensado: 'No estoy segura de que vayamos a llegar a tiempo a la pista'. Eso me hizo pensar que tal vez era el día en que me encontraría con mi creador", dijo.

Investigadores de la Junta del Transporte junto al avión siniestrado.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Shults logró aterrizar un avión comercial que perdió parte de su motor en el aire, salvando la vida de casi todos sus pasajeros y tripulantes.

Sin embargo, en las grabaciones en las que habla con los controladores aéreos, a Shults se la oye tranquila.

"Sí, nos falta una parte del avión, así que vamos a tener que reducir la velocidad", se le escucha decir.

Luego, cuando la pista apareció a la vista, se la puede oír susurrar: "Padre Celestial" en la grabadora de la cabina.

El avión volaba de lado, con un solo motor, y Shults se había pasado de la pista.

Tuvo que usar todos los recursos a su alcance para alinear la aeronave y aterrizar sin problemas, salvando a los 148 pasajeros y sus tripulantes.

Una pasajera, Jennifer Riordan, resultó gravemente herida cuando se rompió la ventanilla y falleció posteriormente en el hospital. Es una pérdida que Shults afirma que siempre sentirá.

Tras el aterrizaje, le realizaron pruebas médicas.

"Debes tener nervios de acero. Ni siquiera tienes el ritmo cardíaco acelerado", le dijo el médico que la trató.

¿Cómo explica Shults su serenidad bajo presión?

"Cuando estás al mando, cuando se espera que seas un líder, lo correcto es mantener la calma y afrontar los problemas", explicó.

Es una actitud forjada a lo largo de una carrera en la que nunca perdió la compostura ni se rindió.

Basado en un episodio del programa Outlook del Servicio Mundial de la BBC.

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