Mi abuelo abusó sexualmente de decenas de niños y mujeres, lo confronté con una cámara y esto es lo que aprendí

Fuente de la imagen, Chet Tilokani
- Autor, Cecilia Barría
- Título del autor, BBC News Mundo
- Tiempo de lectura: 12 min
A los 23 años, Amanda Mustard se embarcó en un viaje que cambiaría su vida para siempre.
Un viaje hacia las profundidades más oscuras de una historia familiar para descubrir quién era realmente su abuelo, William Flickinger, un quiropráctico que abusó sexualmente de innumerables niños y mujeres, dentro y fuera de su familia.
El resultado de esa experiencia fue el documental de HBO Great Photo, Lovely Life (Una gran foto, una vida preciosa), dirigido por ella y Rachel B. Anderson.
Una de las cosas que le llamó la atención a Mustard durante la realización del filme, es la manera en la que los humanos reaccionamos ante situaciones extremadamente dolorosas como estas.
"Me di cuenta de que todo lo que se había normalizado en mi familia no era normal", le dice a BBC Mundo.
Y descubrió cómo esos secretos familiares que todos conocen, pero de los cuales nadie habla, "acaban pudriendo las raíces del árbol genealógico durante generaciones".
Escarbando en recónditos archivos, recolectando fotos y videos familiares, hablando con quienes conocieron a su abuelo y contactando a algunas de las sobrevivientes de las agresiones sexuales, la fotoperiodista estadounidense consiguió juntar las partes de un rompecabezas para recrear el perfil de un pedófilo que cometió crímenes con total impunidad durante décadas, incluso después de un breve paso por la cárcel.
No solo tuvo largas conversaciones con su hermana y su madre, abusadas por Flickinger cuando eran niñas, sino también con su abuelo.
Un día juntó valor y, con una cámara grabando, fue a confrontarlo directamente.
Este es un resumen de la entrevista que Mustar concedió a BBC Mundo.

Fuente de la imagen, Archivo de Amanda Mustard
¿De qué se trata el documentalGreat Photo, Lovely Life?
El documental fue un intento, a lo largo de ocho años, de hablar por primera vez sobre el abuso desenfrenado que mi familia había sufrido durante tres generaciones. Fue el primer intento de levantar la alfombra y ver qué habíamos estado ocultando debajo.
La figura central del filme es tu abuelo. ¿Cómo era él, a qué se dedicaba?
Era quiropráctico, lo que le facilitaba el acceso físico tanto a niños como a mujeres. A principios de los 80 perdió su licencia para seguir ejerciendo su profesión por conducta inapropiada, porque estaba abusando de sus pacientes.
¿Las víctimas eran niños o también había adultos?
Eran niños y adultos. Mi abuelo fue un agresor sexual que, de hecho, terminó en el registro de delincuentes sexuales.
¿Cumplió una condena en la cárcel?
Creo que solo cumplió dos años y medio de una sentencia de cuatro años.Y, por lo que sé, estuvo cometiendo abusos durante toda su vida adulta, aunque no fue enviado a prisión hasta 1992.
Él tenía muchos, muchísimos casos de abuso en su contra, pero simplemente, todos se desestimaron. Mi abuelo se escapó de la justicia una y otra vez, y una gran parte de eso se debió a una cadena masiva de fallas institucionales, una tras otra.
¿Podrías contarme más sobre la personalidad de su abuelo?
Era un hombre muy carismático, manipulador y encantador. Debo decir que no lo conocí tanto como otras personas de mi familia y esa distancia realmente me ha ayudado a poder hacer mi trabajo y romper el ciclo. Yo nací en los 90, cuando él ya vivía en otro estado, entonces no me sentía cercana a él, ni lo conocía particularmente bien. Simplemente sabía que no debíamos estar cerca de él, aunque seguía viniendo a casa cuando visitaba Pensilvania.
Pero sí, era muy encantador, muy inteligente y muy privilegiado. Creo que se salió con la suya en muchas cosas que hizo en las décadas de los 50, 60 y 70 porque su padre era muy influyente, y creo que eso le brindó muchos privilegios al principio de su vida. Mi abuelo cumple con todos los criterios de la psicopatía, pero no puedo afirmar que era un psicópata porque no existe un diagnóstico formal. No puedo decirlo con seguridad.

Fuente de la imagen, Amanda Mustard
Aunque lo viste muy pocas veces, ¿qué recuerdos tienes de él?
De pequeños, teníamos que enviarle a él y a mi abuela tarjetas de Navidad, regalos, pequeños mensajes en cintas VHS que nadie quería grabar, pero sentíamos que se esperaba que lo hiciéramos. Y eran principalmente para mi abuela. Todos nos sentíamos muy mal por el hecho de que ella hubiera decidido quedarse con él. Yo solo quería ser un rayo de luz o de positividad en la vida de mi abuela, porque siempre me sentí muy conflictuada por el hecho de que estuviera con él.
Entonces sabíais que vuestro abuelo era un agresor sexual...
No es que lo supiéramos o no. Simplemente en mi familia no se usaba ese lenguaje. Mi familia tenía un lenguaje un tanto distorsionado sobre lo que él era y la gravedad del asunto. No quiero decir que no se lo tomaran en serio, simplemente creo que todos estaban tan traumatizados por su propia experiencia con él, que nunca aprendieron a expresarlo ni tuvieron las herramientas para verlo de otra manera.
Es que si creces sufriendo abusos por parte de tu padre o de alguien cercano, no conoces otra realidad. Y si no hay recursos disponibles como terapia o cualquier otro tipo de intervención, la situación se distorsiona de generación en generación.
Así fue como yo crecí. Lo sabíamos, nunca hubo un momento en que no supiera que era, por así decirlo, demasiado cariñoso o que daba miedo. Pero no, nunca usamos palabras como abuso, nunca usamos palabras como violación, ¿sabes?.
Y me hizo falta pasar por mi propia experiencia de ser agredida sexualmente en otro contexto, a principios de mis veinte, para aprender ese lenguaje y luego relacionarlo con mi familia, y darme cuenta de que esto no estaba bien.
Comencé a preguntarme, ¿cómo es posible que todas las mujeres de mi familia hayan sobrevivido a esto?. Ese fue el gran despertar que tuve a principios de mis veinte años y que me llevó a hacer la película.

Fuente de la imagen, Chet Tilokani
¿Era tu abuelo una persona religiosa?
Sí, muy religioso, era cristiano evangélico. El cristianismo está muy arraigado en mi familia y creo que jugó un papel realmente problemático al permitir el abuso, porque cada vez que queríamos juzgarlo o algo así, nos decían: "No, eso es asunto entre él y Dios". O nos decían cosas como que era nuestro deber respetar a nuestros mayores.
Hay una expresión que aprendí durante este proceso llamada "evasión espiritual", la cual hace referencia a que es posible interpretar ciertos valores o doctrinas religiosas para evitar sentimientos realmente incómodos que surgen con problemas tan oscuros como este.
Así que sí, gran parte de mi familia se aferró a su fe como una manera de sobrevivir al daño y al trauma que habían experimentado. Creo que eso nos impidió enfrentarlo tal como era.
Y mi abuelo también usó la religión para absolverse a sí mismo. Decía: "Bueno, lo único que tengo que hacer es perdonarme a mí mismo y estoy bien con Dios". Así que no le importaba lo que pensara nadie más en la Tierra, porque solo era responsable ante Dios. Y podía repetirlo una y otra vez. Así que es interesante ver las diferentes interpretaciones de la religión, tanto para la supervivencia como para la permisividad del abuso.
Entonces, para protegerte, tu familia le decía que no te acercara a él. ¿Qué edad tenías cuando escuchabas esos mensajes?
Él salió de prisión cuando yo tenía 5 años y nos venía a visitar cada dos años más o menos. Me decían que no estuviera en una habitación con él y, bueno, creo que hubo algunos intentos inquietantes, pero yo sabía lo suficiente como para decir: "No voy a entrar en esa habitación con él". Pero el problema aquí es que se le permitía entrar en nuestra casa.
Había como una especie de conciencia, como una especie de advertencia en voz baja. Es muy complejo lo que sucede cuando no se abordan las situaciones de abuso que, al no ser tratadas, se normalizan y acaban pudriendo las raíces del árbol genealógico durante generaciones.

Fuente de la imagen, Familia Mustard
¿Sentiste miedo alguna vez?
No lo sé. Creo que muchas personas tienen esa imagen de que él es un monstruo y, a fin de cuentas, es solo un tipo. Un tipo muy, muy manipulador que estaba rodeado de estructuras que le permitieron hacer lo que hacía.
La gente podría ver mi película y decir: "Oh, qué locura lo que ha pasado esa familia". Pero no es solo mi familia, es mucho más común de lo que piensas, mucho más común de lo que te imaginas.
¿Y sabes qué?, no creo que nadie sea un monstruo. Creo que todos somos seres humanos que podemos hacer cosas monstruosas y que debemos rendir cuentas.
Pero pienso que usar un lenguaje demonizante, en realidad, nos absuelve de nuestra responsabilidad de buscar la rendición de cuentas. Como si dijéramos, "bueno, es un monstruo, no podemos hacer nada porque esto es algo que nos supera".
Pero, al final, cuando ocurre el abuso, todos los que están alrededor se ven obligados a elegir si hacen algo o no. Y creo que mucha gente no sabe qué hacer. Por eso comparto la historia de mi familia porque creo que es muy importante desestigmatizar esto.
¿Sabes a cuántas personas abusó sexualmente?
No hay forma de saberlo, pero es más probable que sean tres dígitos en vez de dos.
Decidiste confrontar a tu abuelo. ¿Cómo fue esa experiencia?
Realmente no sentí que tuviera otra alternativa. En ese momento, a los 23 años, me di cuenta de que todo lo que se había normalizado en mi familia no era normal.
La muerte de mi abuela, su esposa, fue lo que realmente... yo estaba allí con ella, tomándole la mano cuando murió. Fue algo realmente muy oscuro, una tragedia ver morir a esta mujer que había dedicado su vida a él, con profundo pesar. Sin poder decir todo lo que quería. Y me di cuenta de que si no empezábamos a hablar de esto, todas las mujeres de mi familia iban a enfrentar lo mismo.
Así que se volvió algo bastante urgente, y sabes, no podría haber hecho esto sin la ayuda de mi madre.
Cuando lo fuimos a visitar, fue aterrador y estresante, pero al mismo tiempo, era solo mi abuelo. Y yo era una periodista en ciernes. Una vez que me di cuenta del contexto más amplio y de lo que le estaba pasando a mi familia, y del hecho de que se había salido con la suya en tantas cosas, sentí que no tenía otra opción. Pensé: "Tengo que hablar con él".
¿Qué te dijo?
Fui con una serie de preguntas. Lo curioso es que lo entrevisté con una cámara antes de saber que iba a hacer una película sobre esto.
Le pregunté cómo fue su experiencia, si alguna vez tuvo a alguien con quien hablar de esto. Y creo que mi curiosidad lo hizo sentir tan cómodo que simplemente empezó a hablar, casi se convirtió en un alivio para él poder desahogarse y hablar de muchas cosas de las que nunca había podido hablar con nadie.

Fuente de la imagen, Archivo de Amanda Mustard
¿Admitió las acusaciones?
Respondió a todas las preguntas que le hice. Él, ya sabes, admitió que ha tenido esta atracción hacia los niños durante toda su vida. Dijo que no lo entendía, que no sabía qué hacer al respecto, que nunca sintió que pudiera hablar con nadie sobre el tema.
La situación era complicada porque él había aprendido a mentir tan bien, que yo sabía que estaba ocultando algunas cosas, sabía que no estaba siendo completamente honesto.
Pero el hecho de que fuera lo suficientemente honesto como para admitir que había abusado de niños y que tenía problemas para controlar esa atracción, fue para mí como un extraño regalo de reconocimiento que a menudo no está disponible para los sobrevivientes de abusos.
Y en el contexto cinematográfico, que él asumiera la responsabilidad de su propio comportamiento, también significó, hasta cierto punto, un alivio para las víctimas, que tenían que compartir los detalles para convencer a la gente de lo que les había sucedido.
Realmente me sentí agradecida, desde el punto de vista cinematográfico, de que admitiera lo que hizo, porque ayuda a quitarles esa carga a las víctimas.
Eso suena como a una especie de viaje de sanación
Y al mismo tiempo fue horrible, indignante y repugnante. Fue muchas cosas. Pero el hecho de que admitiera parte de lo que hizo, fue un reconocimiento que puede ser absolutamente sanador.

Fuente de la imagen, Dani Fresh
Y mirando hacia atrás, ¿qué aprendiste después de recorrer todo este camino?
Me transformó por completo. Esta película fue una terapia artística para mí. Al principio, cuando estaba, por así decirlo, al pie de la montaña, dándome cuenta de los horrores que habían estado ocurriendo y que habían sido normalizados en mi familia, no supe qué hacer.
La gente no sabe qué hacer. Recibo miles de mensajes y correos electrónicos de personas que me dicen: "Esto está pasando en mi familia, ¿qué hago?,¿cómo puedo denunciarlo?". Es que no sabemos qué hacer cuando se trata de nuestra familia.
En ese momento yo era una joven periodista y pensé: "Bueno, puedo confiar en el proceso periodístico y en mi propia curiosidad para salir adelante y llegar a donde necesite estar".
Hice una evaluación muy exhaustiva de mí misma. La forma en que los terapeutas lo explican es que todos nacemos con una mochila llena de cosas y, ya sabes, en algún momento de nuestra vida nos resulta útil mirar dentro de esa mochila y preguntarnos: ¿qué hay aquí?, ¿qué quiero conservar?, ¿qué no quiero conservar?, ¿qué me está pesando?, ¿cómo quiero vivir mi vida realmente?.
Así que sí, me siento extremadamente sanada por la terapia y siento que estoy viviendo de acuerdo con mis valores y que me he liberado de tantas cosas que ni siquiera sabía que estaban afectando mi vida.
Se trata de la insidiosa naturaleza del trauma generacional. Y definitivamente aprendí que esto no es tan simple como quisiéramos. Es una situación muy, muy compleja cuando sufres abusos por parte de alguien a quien amas y cuanto menos se hable de ello, mayor será el daño que cause a la familia.
Muchas personas piensan que las leyes deberían ser más duras contra los agresores
Castigar a quienes cometen abusos no es la solución. Una de las cosas más importantes que aprendí es que la prevención es posible. Si podemos proporcionar recursos y crear un espacio donde ellos puedan pedir ayuda antes de cometer el delito, eso lo cambiaría todo.
Pienso constantemente en cuánto sufrimiento se podría haber evitado mi familia si mi abuelo hubiera recibido ayuda cuando tenía 20 o 30 años. Sé que no era posible en ese momento, en el contexto de la época, pero ahora es posible. Existen muchas organizaciones que trabajan en la prevención y en el apoyo a las víctimas.
No basta con ir a la cárcel. Mi abuelo salió de la prisión y siguió abusando. Por eso es urgente hablar del tema y, en última instancia, eso les dará a los sobrevivientes el espacio y el permiso para sentirse comprendidos en toda su complejidad.

Fuente de la imagen, Jake Naughton

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