¿Cómo se convirtió el expresidente iraní Ahmadineyad en uno de los misterios más extraños de la guerra en Irán?

Mahmoud Ahmadineyad

Fuente de la imagen, Isna

Pie de foto, Durante años, Mahmoud Ahmadineyad fue considerado una de las figuras antiisraelíes más reconocidas del mundo
    • Autor, Saeid Jafari
    • Título del autor, Analista político
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 8 min

"Deben saber que este régimen odiado (Israel) se encuentra en una senda descendente hacia el colapso, y por la gracia de Dios se derrumbará, y ningún factor podrá salvarlo. Este régimen ha llegado al final de su recorrido y pronto será borrado del mapa".

Durante años, declaraciones como ésta convirtieron al expresidente iraní Mahmoud Ahmadineyad en una de las figuras antiisraelíes más conocidas del mundo.

Cuestionó el Holocausto, calificó a Israel de "régimen fabricado" y defendió el avance del programa nuclear iraní a pesar de las sanciones.

Estas posturas llevaron a los funcionarios israelíes a citarlo con frecuencia al explicar por qué creían que Irán representaba una amenaza real.

Sin embargo, el diario estadounidense The New York Times informó que, en su "planificación de posguerra", Estados Unidos e Israel habían considerado un escenario en el que Ahmadineyad podría romper con el estamento de seguridad iraní y emerger como un posible líder futuro.

Pero el plan fracasó, según el periódico, ya que Ahmadineyad supuestamente habría resultado herido en un ataque para liberarlo de su arresto domiciliario al comienzo de la guerra.

Ahmadineyad y sus colaboradores no han respondido a estas afirmaciones y su paradero sigue siendo desconocido.

La noticia fue recibida con escepticismo por analistas estadounidenses e israelíes, quienes se preguntan por qué cualquiera de los dos países consideraría trabajar con alguien asociado desde hace tiempo a una retórica extremadamente antiisraelí.

Esta aparente contradicción también ha llevado a algunos a replantearse si la imagen de Ahmadinejad no ha sido siempre más compleja de lo que parece.

Ahmadinejad

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Algunos funcionarios y analistas israelíes dijeron que Ahmadineyad se había convertido en "un regalo propagandístico" para Israel.

¿Un enemigo útil para Israel?

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Para entender cuán delicada es la situación, debemos remontarnos a los años en los que Ahmadineyad comenzó a ganar poder en la política iraní.

En 2003, fue elegido alcalde de Teherán pese a ser una figura política prácticamente desconocida. En 2005, llegó al poder como presidente, con el aparente respaldo del líder supremo, Alí Jamenei.

Durante su campaña electoral utilizó eslóganes sobre la justicia, la sencillez y la lucha contra la corrupción, pero rápidamente se convirtió en una figura mundial, no por sus políticas internas sino por sus comentarios sobre Israel, Estados Unidos y el Holocausto.

En octubre de 2005, en la conferencia "Un mundo sin sionismo", celebrada en Teherán, Ahmadineyad dijo: "Un mundo sin Estados Unidos y sin sionismo es posible".

Aproximadamente un año después, también se celebró en Teherán la controvertida Conferencia Internacional para Revisar la Visión Global del Holocausto, un encuentro al que asistieron conocidos negacionistas del genocidio de los judíos y que desató una oleada de reacciones internacionales.

Años más tarde, algunos funcionarios y analistas israelíes afirmaron abiertamente que Ahmadineyad, con su dura retórica y su negación del Holocausto, de hecho había actuado a favor de Israel.

En 2008, Efraim Halevy, exjefe del Mossad, lo describió como "el mayor regalo de Irán a Israel", al señalar que sus declaraciones facilitaban que el mundo se tomara en serio la amenaza de Irán.

Los partidarios de Ahmadineyad desestimaron esta afirmación y alegaron que él simplemente aplicaba una política agresiva e ideológica que se enfrentaba a Israel y a Occidente.

Ahmadinejad sonriendo

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Tras una presidencia que fomentó divisiones, Ahmadineyad cambió de rumbo.

Un cambio de imagen tras dejar el poder

Una vez que abandonó el cargo en 2013, Ahmadineyad entró en un conflicto creciente con el líder supremo Alí Jamenei y con actores del aparato de seguridad iraní, incluido el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC).

Luego, el Consejo de Guardianes de Irán le prohibió en múltiples ocasiones presentarse a las elecciones presidenciales.

En respuesta al reportaje de The New York Times, Raz Zimmt, director del programa Irán y el Eje Chiíta del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de Israel, dijo en una publicación en X que Ahmadineyad solía adoptar posturas contradictorias e inesperadas.

"Durante su presidencia, Ahmadineyad fue una combinación de populismo y oportunismo", escribió.

En los últimos años, en las redes sociales, Ahmadineyad también modificó su imagen internacional: tuiteaba en inglés, felicitó al equipo de fútbol americano de la Universidad de Míchigan y citó al legendario rapero estadounidense Tupac Shakur.

Incluso elogió al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, por "luchar contra la corrupción política en EE.UU.".

Aunque Zimmt reconoce este intento de crear una imagen más moderada dentro de Irán y para el público occidental, afirmó que Ahmadineyad nunca contó con un nivel de apoyo que le permitiera hacerse con el poder en un país de más de 90 millones de habitantes.

Escepticismo entre los expertos estadounidenses

Tres expertos estadounidenses que hablaron con el servicio persa de la BBC también dudaron del informe sobre un "plan operativo serio" para devolver a Ahmadineyad al poder.

Max Abrahms, profesor de ciencias políticas en la Northeastern University y experto en lucha contra el terrorismo, dice que la información debe tratarse con "mucho escepticismo", debido a los altos niveles de desinformación relacionados con la guerra.

Considera poco probable que Israel acoja con agrado el regreso de Ahmadineyad, dada su negación del Holocausto y su papel en el avance del programa nuclear iraní, mientras que para Trump, Ahmadineyad no encajaría en la narrativa de un cambio de régimen exitoso.

Ilan Berman, del American Foreign Policy Council, también considera poco probable la idea de un plan creíble entre Estados Unidos e Israel. Afirma que, incluso si se hubiera barajado el nombre de Ahmadineyad como candidato al liderazgo, no sería la opción preferida.

Michael Rubin, del American Enterprise Institute, califica el relato de "fantástico" y afirma que The New York Times se basa en exceso en fuentes anónimas.

Sin embargo, sostiene que muchos en Occidente siguen sin comprender que Ahmadineyad tenía atractivo para ciertos sectores de la sociedad iraní.

Por su parte, The New York Times señaló en X que tiene "plena confianza" en su reportaje y subrayó que se basaba en conversaciones con funcionarios estadounidenses, israelíes e iraníes y otras fuentes bien informadas.

Mahmoud Ahmadineyad sentado en primera fila, con una chaqueta de cuero negra.

Fuente de la imagen, khamenei.ir

Pie de foto, Expertos estadounidenses dudan de que exista un "plan operativo serio" para devolver al poder a Ahmadineyad (en primera fila, segundo de derecha a izquierda).

La reacción dentro de Israel

Algunos expertos en seguridad israelíes se centraron en lo que tal escenario revelaría sobre la comprensión que tiene Israel de Irán.

Danny Citrinowicz, del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, escribió en X que cualquier intento de "coronar" a Ahmadineyad reflejaría un profundo desconocimiento del sistema político iraní.

Afirmó que Ahmadineyad carecía de una base de poder real y que nunca contaría con el respaldo del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, por lo que solo podría tomar el control si todo el sistema de poder actualmente vigente en Irán se derrumbara, algo que los ataques estadounidenses e israelíes no han logrado.

Yossi Melman, un veterano analista de seguridad israelí, también escribió en X: "Esta historia es una locura en múltiples niveles".

Dijo que cualquier idea de que el colapso del régimen pudiera precipitarse mediante levantamientos de minorías y ataques aéreos demostraría que los planificadores de Israel y EE. UU. "vivían en un mundo de fantasía".

Mahmoud Ahmadinejad

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Los observadores afirman que Ahmadineyad carece de una organización y no es aceptado por las fuerzas militares iraníes.

¿Por qué se mencionó el nombre de Ahmadineyad?

Con todas estas dudas, la pregunta sigue siendo: ¿por qué Ahmadineyad?

La respuesta podría estar en la inusual combinación de tres de sus rasgos: fama, experiencia interna y distancia con respecto al líder supremo.

Ahmadineyad es muy conocido en Irán, tiene experiencia en la gestión de un gobierno, entiende el lenguaje de las clases más bajas y está familiarizado con los mecanismos del poder en la República Islámica.

Al mismo tiempo, sus disputas con Jamenei hacen que no se le considere un simple miembro del régimen.

Desde la perspectiva de algunos expertos en política exterior, estas características podrían haberlo convertido en una figura útil en un período de caos, no como un aliado, sino como una figura temporal para crear divisiones dentro de la estructura de poder.

¿Quién es realmente Ahmadinejad?

Algunos críticos y comentaristas iraníes sostienen que el comportamiento de Ahmadinejad a lo largo de los años —desde su presidencia y sus polémicos viajes al extranjero hasta su silencio durante la reciente guerra— ha planteado nuevas preguntas sobre su postura política.

Afirman que sus políticas contribuyeron a aislar a Irán en la escena internacional, intensificaron la crisis nuclear y, en última instancia, proporcionaron a Israel algunos de sus argumentos políticos más eficaces contra Teherán.

El reportaje de The New York Times reavivó esos debates y no sería la primera vez.

Durante su presidencia, construyó su legitimidad acusando de sedición a destacadas figuras reformistas y a antiguos altos cargos, una acusación vinculada a las protestas masivas que siguieron a las controvertidas elecciones de 2009.

Sin embargo, tras abandonar el poder, los medios iraníes informaron que buscó reconciliarse con esas figuras e incluso intentó organizar una reunión con uno de sus predecesores, aunque el esfuerzo nunca se materializó.

Esta aparente disposición a cambiar de postura y redefinir alianzas en lugar de adherirse a líneas ideológicas firmes podría reflejar simplemente su intento de maniobrar en medio de luchas internas de poder, más que apuntar a vínculos ocultos con potencias extranjeras.

De hecho, no hay pruebas concretas que vinculen a Ahmadineyad con Israel o Estados Unidos.

Pero la contradicción central persiste: un político definido durante mucho tiempo por su dura retórica antiisraelí es ahora, según algunos informes, presentado como una opción potencial para el futuro de Irán, lo que reaviva una de las preguntas más recurrentes en la política iraní sobre cómo debe entenderse a Ahmadineyad.

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