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5 grandes obras de arte por las que hombres se llevaron el mérito, pero fueron hechas por mujeres
- Autor, Deborah Nicholls-Lee
- Título del autor, BBC Culture *
- Tiempo de lectura: 9 min
En 1993, mientras investigaba en el depósito del Museo de Historia del Arte de Viena, la historiadora Katlijne Van der Stighelen descubrió una pintura épica titulada El triunfo de Baco (1655-1659).
Quedó perpleja. ¿Cómo era posible que este magnífico cuadro sin firma hubiera permanecido tanto tiempo guardado en el museo?
La respuesta era que había sido pintado por una mujer: Michaelina Wautier.
Dado que las mujeres normalmente estaban excluidas de las clases de dibujo del natural, se asumió que la pintura era obra del hermano de Wautier, Charles.
"Cuando se trata de obras de artistas femeninas, siempre surgen cuestiones de atribución", le explica Van der Stighelen a la BBC.
Las obras de mujeres a menudo no están firmadas, se descuidan y es menos probable que se limpien, explica la historiadora de arte belga, por lo que hay "pocas posibilidades de descubrir firmas 'ocultas'".
El arte femenino ha sido ignorado durante mucho tiempo.
La exposición Michaelina Wautier de la Royal Academy de Londres nos recuerda lo injusto que fue aquello.
Es la primera exposición de la artista flamenca en Reino Unido y la retrospectiva más amplia jamás realizada de su obra.
Forma parte de un fenómeno más amplio que ve a las mujeres artistas ocupar más espacio en las galerías y reivindicar su lugar en la historia del arte.
El primer paso es reconocer que la obra es de ellas.
Aquí presentamos cinco obras maestras erróneamente atribuidas a hombres.
1. "El triunfo de Baco" (1655-59) de Michaelina Wautier
"El Triunfo de Baco", que perteneció al archiduque Leopoldo Guillermo de Austria, es una pintura tan enorme y ambiciosa que, a principios del siglo XX, Gustav Glück, conservador de pintura flamenca del Kunsthistorisches Museum, declaró que jamás podría ser obra de una mujer.
Como si anticipara tales desestimaciones, Wautier se insertó a la derecha del cuadro, desde donde nos mira fijamente: desafiante, con aire de guerrera y con el torso desnudo.
Si bien se atribuyó erróneamente la autoría de esta obra al hermano de la artista, otras pinturas, algunas de las cuales se le atribuyeron a ella nuevamente en 2020, fueron atribuidas a maestros flamencos como Anthony van Dyck, cuya obra Van der Stighelen había estado buscando cuando hizo su sorprendente descubrimiento.
Desde entonces, Wautier ha sido descrita como "el mayor redescubrimiento artístico del siglo".
Para Van der Stighelen, "es una artista excepcional y polifacética", cuya amplitud artística (que incluye retratos, escenas históricas, bodegones y escenas de género) solo era comparable a la del maestro flamenco Peter Paul Rubens.
"El Triunfo de Baco", según el catálogo de la exposición, "es apreciado hoy como una de las obras cumbre de la colección de pintura del Kunsthistorisches Museum".
2. "Autorretrato como Santa Catalina de Alejandría" (c. 1615-17) de Artemisia Gentileschi
Artemisia Gentileschi, cuya historia inspiró la novela de Elizabeth Fremantle de 2023, "Desobediente", era aún adolescente cuando comenzó a pintar a las mujeres imponentes en sus emotivos cuadros históricos.
Su obra fue muy solicitada durante su vida, pero cayó en el olvido cuando el interés por el Barroco disminuyó en el siglo XVIII. Se creyó entonces que era obra de su padre, Orazio, o de su amigo íntimo Caravaggio, famoso por su dramático uso de la luz y la sombra.
El cuadro "Autorretrato como Santa Catalina de Alejandría" no fue atribuido formalmente a Artemisia hasta 2017.
Representa a la artista como Santa Catalina, mártir del siglo IV, junto a la rueda de púas con la que fue torturada, evocando la experiencia de la artista misma como sobreviviente de una violación y que fue torturada durante el juicio contra su agresor (para demostrar que decía la verdad).
"Las pinturas de Gentileschi amplificaron el papel de las mujeres heroicas", escribe Katy Hessel en "La historia del arte sin hombres" (2022), y convirtieron a las mujeres que buscan venganza en un tema recurrente.
La lista de obras conocidas de Artemisia no deja de crecer.
En 2020, la limpieza de la obra "David y Goliat" reveló su firma en la espada de David, mientras que en 2023, "Susana y los ancianos", también de Artemisia, fue redescubierta en la Colección Real.
"El nombre de una mujer suscita dudas hasta que se ve su obra", escribió al coleccionista Don Antonio Ruffo en 1649, añadiendo más tarde: "Le mostraré a Su Ilustre Señoría lo que una mujer puede hacer".
3. "Alegre Pareja" (1630) de Judith Leyster
La pintora holandesa Judith Leyster fue muy apreciada en vida, pero tras su muerte su reputación quedó eclipsada por la de los hombres de su entorno, y su obra a menudo se atribuía erróneamente a su marido, Jan Miense Molenaer, o a Frans Hals, que se creía era su tutor.
El cuadro de género "Alegre Pareja", con su música y sus bebidas fluyendo libremente, parecía tener todas las características de una obra de Frans Hals hasta que, en 1892, un marchante de arte se percató de que debajo de la firma de Hals se encontraban las iniciales entrelazadas «JL» seguidas de una estrella (un juego de palabras con su nombre, que se deriva de la palabra holandesa para estrella polar).
Aunque la obra de Leyster rivalizaba en calidad con la de Hals, había sido borrada de la historia del arte porque un famoso maestro masculino podía alcanzar un precio mayor en las subastas.
La carrera de Leyster, como la de muchas mujeres en la historia del arte, fue mucho más breve que la de sus colegas masculinos, truncada por las exigencias de criar a cinco hijos y facilitar el trabajo de su marido.
Es probable que colaborara con él en algunas de sus pinturas, pero la firma siempre fue la suya.
4. "Dios" (1917) de la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven y Morton Schamberg
En los siglos XIX y XX, las mujeres artistas todavía eran comúnmente consideradas aficionadas.
En su influyente ensayo de 1971, "¿Por qué no ha habido grandes mujeres artistas?", la historiadora de arte estadounidense Linda Nochlin argumenta que el canon del arte ha sido definido durante mucho tiempo por un "punto de vista masculino occidental blanco" que goza de una "aceptación acrítica".
Incluso el movimiento vanguardista dadaísta de principios del siglo XX (que desafió las convenciones burguesas sobre lo que constituye el arte) no logró romper con los esquemas establecidos.
Paul B. Franklin lo describió en Women in Dada (1999) como un "club exclusivo de hombres" que consideraba a las mujeres como "musas artísticas en lugar de participantes activas".
Una de las pioneras olvidadas del dadaísmo fue la baronesa Elsa von Freytag-Loringhoven, extravagante pintora, escultora, poeta y artista de performance alemana, quien se rapó la cabeza, se la pintó de rojo y vestía atuendos andróginos hechos con materiales reciclados.
Su obra de arte "Dios", una pieza de tubería de hierro fundido con forma fálica, colocada boca abajo y sujeta a una caja de ingletes, fue aclamada como uno de los primeros ready-mades (objetos cotidianos reinterpretados como arte).
Se le atribuyó al artista estadounidense Morton Schamberg hasta principios de la década de 2000, cuando el nombre de la baronesa se añadió oficialmente a los créditos, un siglo demasiado tarde para sacarla de la pobreza.
Algunos estudiosos han argumentado que el urinario invertido de Marcel Duchamp, titulado "Fuente" y firmado "R Mutt", también fue obra suya.
Irene Gammel, en el libro Baroness Elsa (2002), cita la carta que Duchamp le envió a su hermana Suzanne en 1917, en la que escribe: "Una amiga mía, bajo el seudónimo masculino de Richard Mutt, me envió un urinario de porcelana como escultura".
Gammel afirma: "Si bien puede que falten pruebas definitivas de la participación de la baronesa, existen numerosas pruebas circunstanciales que apuntan a su huella artística".
5. Mañana para siempre (1963) de Margaret Keane
La película biográfica de 2014, Big Eyes, dirigida por Tim Burton y protagonizada por Amy Adams y Christoph Waltz, narra la historia de la artista estadounidense Margaret Keane, cuyas extravagantes "huérfanas" de ojos grandes se vendieron prodigiosamente como pinturas, grabados y postales a principios de la década de 1960.
Sin embargo, se creía que eran obra de un hombre.
El análisis de Helen Gørrill de 5.000 pinturas, citado en su libro Why Women Can't Paint (Por qué las mujeres no pueden pintar, 2020), reveló que "cuando una obra de un hombre está firmada, su valor aumenta", mientras que en el caso de las mujeres ocurre lo contrario.
Aunque Margaret era tímida, su marido, Walter, un hombre de verbo fácil, era un excelente vendedor. La convenció para que le permitiera ser el representante de su negocio de arte y atribuirse toda la autoría de sus pinturas, que ella firmaba simplemente como "KEANE".
Tras el divorcio, la insistencia de Walter en que él había pintado los cuadros desembocó en un extraordinario enfrentamiento en los tribunales, donde ambos fueron puestos frente a un caballete y obligados a pintar delante del juez.
Walter alegó un dolor de hombro y dejó su lienzo en blanco, mientras que Margaret completó en menos de una hora lo que se conoce como la Prueba 224: el retrato de su hija, con esos inconfundibles ojos grandes.
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* La exposición de Michaelina Wautier se encuentra en la Royal Academy de Londres desde el 27 de marzo hasta el 21 de junio de 2026. Está organizada en colaboración con el Kunsthistorisches Museum de Viena.
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