¿Por qué el golfo Pérsico tiene más petróleo y gas que cualquier otro lugar de la Tierra?

    • Autor, Scott L. Montgomery
    • Título del autor, The Conversation*
  • Tiempo de lectura: 8 min

Se ha dicho que los países del golfo Pérsico están igualmente benditos y malditos por sus vastas reservas de petróleo y gas.

Las fuerzas geológicas a lo largo de millones de años han hecho que la región sea un punto global rico en energía, y esa es la razón para que una guerra como la que está en marcha provoque una crisis energética global.

Como geólogo petrolífero que ha estudiado la zona, todavía me asombro de la magnitud de sus depósitos de hidrocarburos. Por ejemplo, hay más de 30 campos supergigantes, cada uno conteniendo 5.000 millones o más de barriles de crudo, alrededor del golfo Pérsico.

Y los pozos en la región producen entre dos y cinco veces más petróleo diario que incluso los mejores pozos en el mar del Norte y Rusia.

La geociencia moderna ha identificado varios factores clave en las rocas que hacen que una región sea particularmente rica en petróleo, incluyendo su capacidad para generar y retener hidrocarburos.

En la región del golfo Pérsico, todos estos factores se encuentran en niveles óptimos o cercanos a ellos.

Por su enorme abundancia y facilidad de producción, la región del Golfo Pérsico es sencillamente inmejorable.

Una breve historia

Los humanos sabían de la presencia de los hidrocarburos en la zona mucho antes de que las inundaciones crearan el golfo Pérsico a finales de la última Edad de Hielo, entre 14.000 y 6.000 años atrás.

Filtraciones naturales de crudo y gas son comunes a lo largo de ríos y valles en muchas partes de la región.

Miles de años antes del inicio de nuestra era común (época después de Cristo o D.C.), los pueblos usaban el bitumen, un tipo de petróleo pesado, para fabricar argamasa e impermeabilizar barcos.

El primer descubrimiento moderno de petróleo ocurrió en 1908 en un conocido lugar de filtración en el oeste de Irán.

En las décadas de los 50 y los 60, una época de rápida expansión de exploración de petróleo y gas, quedó claro que ninguna otra región en el planeta tendría semejante abundancia.

Se han descubierto otras zonas con enormes volúmenes de petróleo y gas, como el oeste de Siberia en Rusia y, más recientemente, la cuenca pérmica en Estados Unidos, pero ninguna se compara con la magnitud de las reservas en el golfo Pérsico, ni el alto rendimiento al cual el crudo y el gas pueden ser producidos en esta región.

Escenario geológico

La región del golfo Pérsico está ubicada donde dos placas tectónicas se estrellan: la placa Arábiga en el sureste y la placa Eurásica hacia el este y norte.

Esta colisión ha estado sucediendo durante unos 35 millones de años y ha resultado en un escenario dinámico donde las capas rocosas se han doblado y quebrado y, a niveles más profundos, transformado por calor y presión considerables.

Las características geológicas difieren considerablemente entre ambos lados del Golfo. En el lado iraní, la cordillera de Zagros se extiende a lo largo de 1.800 kilómetros (1.100 millas) desde el golfo de Omán hasta la frontera con Turquía.

Parte del gran sistema alpino-himalayo, la cordillera de Zagros está formada por rocas muy plegadas y fracturadas, creadas durante los últimos 60 millones de años por las colisiones de África, Arabia e India con Eurasia.

En la costa arábiga del Golfo, ese tipo de flexión y fractura no se produjo.

En cambio, las fuerzas compresivas de la colisión deformaron una plataforma rígida de roca dura y profunda, conocida como "roca basal", creando amplias estructuras abovedadas de enorme tamaño, que se extendían por decenas, incluso cientos, de kilómetros cuadrados.

Bajo el golfo Pérsico se encuentra una cuenca llena de sedimentos erosionados por el surgimiento de los montes Zagros. En sus zonas más profundas, la cuenca estuvo sometida a las altas temperaturas y presiones necesarias para la generación de petróleo y gas.

En definitiva, se trata de un entorno excelente para la generación y el almacenamiento de hidrocarburos a gran escala.

Rocas que producen crudo

El crudo y el gas se forman de material orgánico como el zooplancton y fitoplancton marinos, originalmente concentrados en esquisto, calizas ricas en lodo y otras rocas expuestas a temperaturas y presiones elevadas.

Cuando las rocas están compuestas de al menos 2% de material orgánico, son consideradas de alta calidad para la generación de petróleo y gas.

La región del Golfo tiene un número particularmente alto de capas de estas rocas fuente, algunas de las cuales son especialmente gruesas, abundantes y orgánicamente ricas.

Ejemplos de ello son las formaciones montañosas de Hanifa y Tuwaiq, en la costa arábiga del Golfo, que se formaron durante el período Jurásico, hace entre 200 y 145 millones de años, y la formación de Kazhdumi en Irán, que se formó durante el período Cretácico, hace entre 145 y 66 millones de años.

Estas rocas tienen entre un 1% y un 13% de contenido orgánico, e incluso más en algunos lugares.

Estructuras de petróleo y gas

Las capas de rocas dobladas y fracturadas de la región, y sus domos, están bien dotadas para atrapar hidrocarburos.

Los pliegues de las Zagros, montañas legendarias entre los geólogos por las formas espectaculares que se ven en las imágenes satelitales, contienen cientos de miles de millones de barriles de petróleo y metros cúbicos de gas.

Una mirada rápida a un mapa de petróleo y gas de la región del golfo Pérsico mostrará campos en forma de salchichas que van del noroeste al sureste y reflejan importantes estructuras dobladas.

Estas características incluyen cientos de yacimientos individuales de variados tamaños, que se extienden desde el sur de Irán atravesando el noreste de Irak.

En la placa arábiga, las grandes estructuras de domos han formado especialmente enormes acumulaciones de petróleo y gas. Estas incluyen el campo petrolero de Ghawar en Arabia Saudita, el más grande del mundo, que podría producir más de 70.000 millones de barriles de crudo.

El yacimiento de gas natural South Pars-North Dome, compartido entre Irán y Qatar, podría producir por lo menos 46.000 millones de metros cúbicos de gas, un contenido energético equivalente a más de 200.000 millones de barriles de petróleo.

Las rocas reservorio más importantes son las calizas, en las que algunas porciones se han disuelto parcialmente, lo que facilita el flujo de petróleo y gas.

En los reservorios de Zagros, el fluido fluye a través de fracturas creadas por el plegamiento y las fallas derivadas de la colisión de placas.

En lugares como el reservorio Arab-D en el campo de Ghawar, en Arabia Saudita, y la caliza de Asmari en muchos campos de Zagros, estas rocas de almacenamiento de petróleo de alta calidad cubren vastas áreas: cientos e incluso miles de kilómetros cuadrados.

No existe nada de esta magnitud en ningún otro lugar del planeta, ni en tierra ni en alta mar, lo que demuestra la singular geología petrolera de la región del Golfo Pérsico.

Posibilidades futuras

El resultado combinado de estos factores es que más o menos la mitad de las reservas convencionales de petróleo del mundo y 40% de su gas yacen bajo apenas 3% de la superficie terrestre de la Tierra.

Las evaluaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos señalan que, aún después de más de un siglo de perforación y producción, todavía hay por descubrir grandes yacimientos de petróleo y gas en la región del golfo Pérsico.

En un informe de 2012 que estudió la península Arábiga y las montañas Zagros, la agencia estimó que podría haber hasta 86.000 millones de barriles de petróleo y 9,5 billones de metros cúbicos de gas en las rocas, además de las cantidades que ya han sido descubiertas.

Más crudo y gas también podrían ser producidos utilizando técnicas de perforación horizontal y fracking (fracturación hidráulica) desarrolladas en EE.UU. en las décadas del 2000 y 2010.

Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos (EAU) están ensayando esos métodos en sus campos petrolíferos. Todavía es muy temprano para saber cuán exitosos serían, pero los estudios indican que podrían generar aún más producción.

*Scott L. Montgomery es catedrático de Estudios Internacionales de la Universidad de Washington, Estados Unidos. Su artículo fue publicado en The Conversation, cuya versión original en inglés puedes leer aquí

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