Por qué un destello de la ropa interior rosa de la tenista latinoamericana Maria Bueno escandalizó a Wimbledon en 1966

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- Autor, Ellie Violet Bramley
- Título del autor, BBC Culture *
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 8 min
Era un día de verano de 1962. La tenista brasileña Maria Bueno, apodada la "bailarina de tenis", regresó a Wimbledon tras una ausencia por lesión. Al volver a la pista central, lucía un vestido blanco que parecía estar en consonancia con la preferencia del All England Club por la vestimenta completamente blanca. Hasta que sacó.
Entonces se reveló la verdad: su vestido estaba forrado de rosa, y su calzón eran del mismo color.
Como Sunita Kumar Nair, autora del nuevo libro Ace: The Times & Style of Tennis, le comenta a la BBC: "Causó un gran revuelo".
Años después, Bueno, que para entonces ya había ganado dos títulos individuales femeninos de Wimbledon -y ganaría uno más-, recordó que "se oyó un murmullo de asombro en un extremo de la pista. La gente del otro extremo no supo por qué, hasta que cambié de lado y saqué desde allí".
"Más tarde", dijo, "usé una prenda que se parecía a los colores del club [verde y morado], lo que indignó al comité del club, y entonces impusieron la norma de vestir completamente de blanco".
La exigencia de que los miembros vistieran de blanco se remontaba a la fundación del All England Lawn Tennis and Croquet Club (AELTC) en 1877, pero era principalmente una cuestión de costumbre.
Se dice que el atuendo de Bueno, obra del diseñador Ted Tinling, fue el que impulsó la nueva y estricta normativa.
Pero, ¿a quién escandalizó exactamente un destello de ropa interior rosa?

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"De mal gusto e impropio"
"Como organización conservadora, el AELTC habría considerado los volantes de su vestido... de mal gusto e impropios de una dama, señala el historiador de tenis Rob Lake.
"No estaban muy de acuerdo con los cambios sociales que se estaban produciendo fuera del club en la década de 1960", explica en conversación con la BBC.
En ese momento -y hasta la década de 1980-, añade, todos los miembros del comité eran hombres.
Representaban "el orden establecido, con afiliaciones políticas y conexiones en otras instituciones de élite. Desde luego, no estaban dispuestos a promover avances sociales que pudieran desacreditarlos".

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Según Lake, "el AELTC parecía tener una visión más estricta sobre cómo debían presentarse las mujeres que los hombres, o al menos parece que las mujeres eran reprendidas con mayor frecuencia por su apariencia".
En 1967, la polémica resurgió con los vestidos cortos de la tenista italiana Lea Pericoli, también fruto de una colaboración con Tinling, que había empezado más de una década antes y escandalizado desde entonces.
"Llegué con una bombacha de lamé y tul y fue un infierno: paparazzi y público enloquecido alrededor de la pista. En aquel circo perdí la concentración y el partido. Me fui llorando", diría Pericoli, recordando su primera aparición en Wimbledon años después en entrevista con el diario italiano Quotidiano Nazionale.
"Cada vez que el viento levantaba la falda y dejaba ver la 'invención pecaminosa' de Tinling, se oía un rumor en las gradas", agregó.
El diseñador era conocido como "el mago de Wimbledon", y su papel en el estilo vestimenta en el tenis femenino fue fundamental.
Su presencia fue omnipresente en este deporte durante gran parte del siglo XX; como menciona Kumar Nair, "entre 1940 y 1980, el 75% de las mujeres que compitieron en Wimbledon lucieron sus vestidos".
Fue "el primer diseñador de alta costura dedicado exclusivamente al deporte", escribe.

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El blanco tenía sentido como color predilecto de Wimbledon.
A finales del siglo XIX, cuando se estableció la convención, el blanco estaba cargado de connotaciones de estatus social.
"Solo los ricos podían permitirse vestirlo, poseerlo y mantenerlo. El resto no tenía ni los medios ni el personal para tener y conservar ropa deportiva propia", cuenta Kumar Nair.
Para el historiador de tenis Christopher Bowers, el creciente dogmatismo de Wimbledon respecto al blanco se originó "al principio, simplemente era el color del tenis. Luego, (el club) se aferró a su regla del blanco como una forma de imponer su sentido de la tradición al deporte".
' Vulgaridad y pecado '
Bueno no fue la primera jugadora en infringir el código de vestimenta en Wimbledon con su pincelada rosa, ni la primera vez que se hacía luciendo un diseño de Tinling.
Más de una década antes, en 1949, la actriz californiana Gussie Moran, o "Gorgeous Gussie" (algo así como "La espléndida Gussie"), como la apodaban los periódicos sensacionalistas, ya había causado revuelo en una creación anterior de Tinling.
El calzón con encaje de Gussie Moran provocaron la indignación de los directivos, quienes la condenaron por llamar la atención sobre su "zona sexual".
Si bien en aquel momento la prenda no infringía ninguna norma de color, sí parecía ir en contra de las normas de buen gusto. El comité incluso la acusó de introducir "vulgaridad y pecado en el tenis".

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Pero podría decirse que no fue precisamente Moran quien se comportó de forma inapropiada.
Como el diseñador Tinling comentó más tarde: "Lo excitante era que solo se veía [el calzón] una vez cada tres minutos... Por primera vez en la historia, había fotógrafos tumbados boca arriba. Todo el mundo se volvió loco".
Desde la perspectiva de 2026, resulta difícil comprender la magnitud del asunto. Pero Moran, como señaló en su momento el diario Times, "era menos conocida por su talento en la cancha que por el escándalo que causó en el puritano mundo de Wimbledon en 1949".
Y Tinling, quien había ejercido como enlace con los jugadores desde 1927, fue posteriormente expulsado como miembro del club y no fue invitado de nuevo durante más de 30 años.
Antes y ahora
Incluso antes de Moran, las jugadoras ya habían provocado reacciones con su vestimenta en las pistas de hierba de Wimbledon.
Al parecer, se levantaron cejas cuando, en 1919, la jugadora francesa Suzanne Lenglen, conocida como La Divine (la diosa), dejó de lado los corsés, las enaguas, las faldas largas y los sombreros de ala ancha, y optó por un elegante vestido de manga corta hasta la pantorrilla de Jean Patou.
Luego, la tenista española Lili de Álvarez, en 1931, se atrevió a usar unos pantalones culotte diseñados por Elsa Schiaparelli. Debido a su amplitud, fue solo cuando realizó uno de sus característicos saltos que los espectadores se dieron cuenta de que no era una falda.
Muchos comentaristas vinculan las elecciones de la vestimenta de Álvarez con su compromiso de toda la vida con la promoción de la igualdad para las mujeres.

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Cuando en 2014 se formalizó en Wimbledon una estricta norma que exigía que la vestimenta fuera "casi completamente blanca" (sujetadores, calzones, tirantes, encajes, suelas y demás accesorios), Serena Williams no tardó en incumplirla con unas bragas moradas y rosas.
Pero Roger Federer también lo hizo, con unas zapatillas Nike con suela naranja que, al parecer, le pidieron que se cambiara.
En los últimos 20 años, afirma Bowers, "el código de vestimenta de Wimbledon se ha vuelto increíblemente estricto".
"La motivación ahora es la imagen de marca. Wimbledon se presenta como 'tenis en un jardín inglés', y la ropa blanca combina a la perfección con el césped a rayas, las fresas con crema, etc. Todo forma parte de la marca, y se espera que los jugadores se adapten a ella", opina.
Para Nair, las razones por las que Wimbledon se empeña en conservar sus tradiciones tienen que ver con la sensación de ser un bastión de la tradición.
"Creo que hay un idealismo casi de cuento de hadas asociado a Wimbledon", afirma, "y están muy interesados en mantener esa imagen que han conservado durante mucho tiempo".
Tiene una atmósfera especial que ella describe en el libro.
"Un ligero silencio de biblioteca en el aire, el suave estallido de las botellas de champán de picnic al descorcharse en las pistas, el aroma fresco del césped verde recién cortado y el brillo de los competidores vestidos de blanco impoluto: este es el All England Lawn Tennis and Croquet Club, señoras y señores, como fue, es y siempre será".
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