En qué se parecen y en qué se diferencian la izquierda de Iván Cepeda y la de Gustavo Petro en Colombia

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- Autor, Daniel Pardo
- Título del autor, BBC News Mundo
- Fecha de publicación
- Tiempo de lectura: 6 min
Iván Cepeda, el candidato oficialista que disputará la presidencia de Colombia en segunda vuelta el 21 de junio, se lanzó a dicho cargo solo unos días después de que el expresidente Álvaro Uribe fuera condenado en primera instancia por un caso de manipulación de testigos que tenía a Cepeda como contraparte.
Lo que para muchos fue un ejemplo de "oportunismo" tras la histórica derrota de Uribe, luego absuelto, fue para Cepeda un acto de coherencia histórica: "Si Uribe estaba haciendo política en el banquillo de los acusados —dijo— ¿por qué tendríamos que retirarnos de los cargos públicos sus víctimas?".
Su padre, Manuel Vargas, fue asesinado en 1994 por suboficiales del Ejército. Gran parte de su juventud la tuvo que pasar en el exilio.
Cepeda, de 63 años, no lucha por la presidencia por ambición de poder ni por un carisma desbordante: es más bien porque su trayectoria lo llevó a ese lugar.
No era sucesor predilecto de Gustavo Petro, un dirigente combativo, emocional y personalista que se lanzó tres veces a la presidencia antes de ganar en 2022.
Ahora la continuidad del primer proyecto de izquierda que llegó al poder queda en manos de Cepeda, un político minucioso carente de la personalidad carismática que exige la política actual.
En ese sentido, al menos en primera vuelta, ganó Abelardo de la Espriella, el candidato del discurso anti-woke, anti-Estado, anti-izquierda y a favor del orden con mano dura. De la Espriella es ahora el favorito.
Petro y Cepeda, curtidos congresistas, estuvieron por décadas en el mismo banquillo de lo que entonces era la oposición: crítica del capitalismo, el imperialismo estadounidense, la desigualdad y las estrategias de mano dura para acabar con la violencia.
En el fondo, Petro y Cepeda representan casi lo mismo para Colombia, pero en las formas y en la manera de llegar al lugar donde están, hay grandes diferencias.

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Cómo llegaron acá
Aunque tienen casi la misma edad, el economista Petro y el filósofo Cepeda vienen de lugares distintos en un país de enormes brechas geográficas y culturales marcadas por la violencia y la desigualad.
Petro nació en la costa Caribe, pero su familia pronto migró a un municipio entonces rural cerca de Bogotá llamado Zipaquirá, donde se graduó de bachiller y empezó la militancia en el Movimiento 19 de abril, una guerrilla socialdemócrata.
Cepeda, mientras tanto, nació en el entorno urbano en Bogotá, y pasó parte de su niñez en Bulgaria cuando el país era parte del bloque soviético. Su padre, Manuel, era un reconocido dirigente comunista que en 1994 fue asesinado por agentes del Estado en colusión con el paramilitarismo. Eso marcó la carrera del candidato: como lanzarse a la presidencia, entrar a la política fue más una consecuencia que una ambición.
Tanto Petro, por guerrillero, como Cepeda, por herencia, tuvieron que pasar algunos de sus años formativos en el exilio.
Cuando volvieron a Colombia, ambos se convirtieron en activistas de izquierda. Con perfiles distintos: Petro, de estilo confrontacional, denunciaba corrupción y vínculos entre políticos y paramilitares en el Congreso, mientras que Cepeda, desde las asociaciones civiles, defendía a las víctimas y su prioridad eran los derechos humanos.

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Cepeda entró al Congreso justo cuando Petro, en 2010, renunció a su escaño para lanzarse, sin éxito, a la presidencia y luego, con éxito, a la alcaldía de Bogotá.
Mientras Petro se convertía en una figura presidenciable, polémica y caudillista que lideraba los grandes debates contra el uribismo, Cepeda ahondó en su perfil de congresista juicioso, paciente y racional preocupado por la paz.
Eso cambió en 2012, cuando Uribe, entonces senador, denunció al también senador Cepeda por supuestamente manipular testigos en una exposición contra Uribe por nexos con paramilitares.

Cuatro años después, la ecuación se volteó: Cepeda denunció a Uribe por exactamente el mismo cargo: soborno a testigos y fraude procesal. Y, cuatro años después, le ganó el caso.
Uribe, hoy absuelto y pendiente de resolución en segunda instancia, dice que es una persecución política.
Petro, por su parte, vio la resolución del caso desde la Casa de Nariño: elogió a la justicia cuando condenaron a Uribe y criticó el fallo cuando lo absolvieron.
El enredado caso de los testigos resultó una analogía —para el uribismo, no casual— del poder en Colombia en los últimos años: Cepeda se hizo presidenciable, Petro consolidó el poder de la izquierda y el uribismo, cuya candidata Paloma Valencia no pasó a segunda vuelta este domingo, terminó marginado.

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Diferencias de formas, ¿diferencias de gobierno?
León Valencia es un analista que lleva décadas estudiando el conflicto y el poder desde una postura de izquierda. Conoce personalmente a Petro y a Cepeda.
En su reciente libro "Iván Cepeda, una vida contra el olvido" contempla la comparación metafóricamente: "Ambos son músicos de rock, pero uno, Iván Cepeda, es rock sinfónico; algo tan complejo y profundo como Pink Floyd; mientras que Petro es puro heavy metal y hardcore (…) Petro se alimenta de la confrontación y está obsesionado con dejar legado. Iván, por otro lado, es más de tendencia zen".
Se dice —ha sido una narrativa de la oposición en campaña— que Cepeda es más radical que Petro, en el sentido de que el primero viene del comunismo, parece dogmático, mientras que el presidente es pragmático y socialdemócrata. Pero hay aspectos de Cepeda, como su posición frente a la Constituyente que propone Petro, en los que parece menos rupturista, más institucional.
En entrevista con BBC Mundo, León Valencia añade: "Petro es un caudillo intuitivo; toma decisiones con ese sexto sentido que tiene y le salen. Cepeda es un político racional que está pensando cómo hacer las cosas".

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Si Petro puede durar horas improvisando un discurso en el que habla de sexo, religión o física cuántica, Cepeda los lee en apenas unos minutos sin salirse de un escueto y pensado libreto.
Si a Petro lo rodean escándalos sobre su vida privada, de Cepeda es poco lo que se sabe. Si Petro el caudillo usa la controversia, la crisis, los titulares, Cepeda el jurista usa los procesos, los puentes, las pruebas.
Y la pregunta es cómo esta diferencia de perfiles puede marcar la campaña hacia la segunda vuelta y un posible gobierno de Cepeda, en el que para nadie es un secreto que Petro, convertido en expresidente, jugaría un rol.
El próximo gobierno hereda varias problemáticas: un déficit fiscal en rojo que aumentó por los programas sociales y un caos de orden público que muchos atribuyen al fracaso del proyecto de Paz Total del presidente.
A eso se añade la iniciativa de Petro de querer cambiar la celebrada Constitución de 1991 con el argumento de que las reformas sociales necesitan reconfigurar al Estado.
"Si Cepeda es presidente, Petro podría ser un expresidente aún más problemático de lo que ha sido Uribe", dice Yann Basset, politólogo de la Universidad del Rosario. "El mandato de Cepeda podría ser más institucional, pero corre el riesgo de quedarse sin legitimidad popular si rompe con Petro", añade.
Valencia, el autor del libro del candidato del oficialismo, señala: "A Cepeda le toca asumir una posición más tranquila. Aprovechar lo que rompió Petro para buscar consensos".
Nadie se puede imaginar cómo sería un gobierno del tranquilo y serio Cepeda. Mucho tendría que ver con el dominante y polémico Gustavo Petro.

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