El zoológico de Moctezuma que asombró a los españoles hace 500 años y que recién ahora empezamos a conocer

    • Autor, Darío Brooks
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Tiempo de lectura: 8 min

En el corazón de la antigua ciudad de Tenochtitlan, la capital de los mexicas, había un espacio único donde vivían en cautiverio una gran variedad de animales procedentes de todo el imperio prehispánico.

Estaba ubicado en el hogar del emperador Moctezuma II, en una parte de lo que hoy es el centro de Ciudad de México, y era cuidado al detalle por cientos de hombres.

Ya desde hace 500 años existen relatos que daban cuenta de lo asombroso que resultaba este lugar para los ojos de los españoles que lo vieron por primera vez, como el colonizador Hernán Cortés.

Pero recién ahora se están empezando a conocer detalles basados en evidencia científica.

Aunque con la mirada moderna se le suele llamar zoológico, en verdad era un vivario, puesto que tenía una función más especial que el simple entretenimiento de Moctezuma II, sus sacerdotes y señores.

"Los animales les permitía entender el mundo, eran parte de mitos de creación. Algunos de esos mitos explicaban la creación misma de esos animales", le dice a BBC Mundo el arqueólogo mexicano Israel Elizalde Mendez.

Estos animales, explica, al mismo tiempo les proveían de poder, fuerza y valentía: "Si vemos algunas de las fuentes, les atribuían poderes mágicos en ese sentido".

Para los mexicas los animales eran una parte importante de cómo entendían el mundo presente, pasado y el más allá.

"Es muy rica la relación que tenían", afirma Elizalde.

El vivario contaba con una decena de estanques de piedra volcánica, con agua dulce o salada, en la que habitaba una variedad de peces y aves acuáticas. En distintos encierros se podían encontrar desde ranas y serpientes hasta jaguares, lobos y pumas.

Incluso había jaulas enormes con aves que no son endémicas de los alrededores de Ciudad de México, como águilas reales, águilas arpías, guacamayas o quetzales, las cuales eran transportadas desde otros lugares del imperio.

"Sin duda, capturaban y tenían estos animales en cautiverio, pero su relación con el medioambiente es muy diferente a la que hoy tenemos", explica Elizalde.

El arqueólogo ha dedicado más de una década de investigación a la relación de los pueblos prehispánicos con los animales y sus hallazgos son parte de nuevas publicaciones, como el libro "El cautiverio de los animales en la antigua ciudad de Tenochtitlan", lanzado este año.

Los relatos antiguos

Cortés tenía casi un año desde que había llegado con una expedición a la ciudad de Tenochtitlan cuando escribió a los reyes de España sobre sus hallazgos, entre ellos, el vivario de Moctezuma II.

"Tenía todos los linajes de aves de agua que en estas partes se hallan, que son muchos y diversos, todas domésticas; y para las aves que se crían en la mar, eran los estanques de agua salada, y para los de ríos, lagunas de agua dulce, la cual agua vaciaban de cierto a cierto tiempo, por la limpieza, y la tornaban a henchir por sus caños", relató en el español de la época.

"A cada género de aves se daba aquel mantenimiento que era propio a su natural y con que ellas en el campo se mantenían. De forma que a las que comían pescado, se lo daban; y las que gusanos, gusanos; y a las que maíz, maíz; y las que otras semillas más menudas, por el consiguiente se las daban", explicó.

"Había para tener cargo de más aves 300 hombres, que en ninguna otra cosa entendían. Había otros hombres que solamente entendían en curar las aves que adolecían. Sobre cada alberca y estanque de estas aves había sus corredores y miradores muy gentilmente labrados, donde el dicho Mutezuma se venía a recrear y a las ver".

Pero Cortés no fue el único. Unas 14 fuentes documentales refieren la existencia del vivario de Moctezuma.

El mapa de Núremberg, el material cartográfico más antiguo sobre Tenochtitlan (1524), muestra este sitio de cuidado de animales en un cuadrante, con aves, mamíferos y sus cuidadores.

Elizalde explica que es probable que el sitio representado se encuentre en el espacio que hoy ocupa el Palacio Nacional, a un costado del Templo Mayor, el sitio arqueológico más importante de la cultura mexica que existe hasta hoy en Ciudad de México.

Las fuentes documentales, como la del códice Florentino, hacen referencia a un aviario que probablemente estaba ubicado en las antiguas casas del padre de Moctezuma II, Axayácatl, lo que actualmente es el espacio que ocupa la Torre Latinoamericana y el exconvento de San Francisco, a menos de un kilómetro del Templo Mayor.

"Tenía otra casa muy hermosa donde tenía un gran patio losado de muy gentiles losas, todo él hecho a manera de un juego de ajedrez, y las casas eran hondas cuanto estado y medio, y tan grandes como seis pasos en cuadra", describía Cortés.

Y continuaba: "La mitad de cada una de estas casas era cubierta el soterrado de losas, y la mitad que quedaba por cubrir tenía encima una red de palo muy bien hecha; y en cada una de estas casas había un ave de rapiña; comenzando de cernícalo hasta águila, todas cuantas se hallan en España, y muchas más raleas que allá no se han visto".

Determinar exactamente qué especies había es parte del reto científico de las investigaciones que iniciaron en el siglo XX y que Elizalde continúa hasta hoy.

El arqueólogo y otros colegas han estudiado restos de 28 ejemplares enterrados, entre las cuales hay ejemplares de águila real, harpía, codorniz, jaguar, lobo y espátula rosada.

"La investigación consiste en examinar una selección de muestras representativas de varios individuos y hacemos el análisis de paleopatología, que es el estudio de enfermedades antiguas en busca de afecciones incapacitantes", explica el arqueólogo.

Han podido determinar que, si no fuera por el cuidado y sanación de los ejemplares, "no habrían vivido esos animales tanto tiempo en libertad". Eso ofrece pistas que apuntan a la existencia del vivario como lo describieron las fuentes documentales.

Se sabe que los mexicas tuvieron en su capital fauna de todos los rincones de su basto imperio, que se extendía de costa a costa entre el Golfo y el Pacífico y se extendía desde el centro de lo que hoy es México hasta la región fronteriza con Guatemala.

"Traían especies de todo tipo. Era muy variado el ecosistema", afirma Elizalde, pues esta región es hasta la actualidad una de las más ricas en biodiversidad del mundo.

Un "gran enigma"

En la investigación de Elizalde, el arqueólogo ha realizado análisis de una muestra de ejemplares encontrados en las ofrendas de los mexicas que han sido encontrados en excavaciones del Templo Mayor.

Para los mexicas, algunos animales podían tener un rol en la forma en que concebían el universo.

"En el caso de las ofrendas es muy importante, porque uno debía tener a estos animales para hacer plegarias o peticiones. Cada uno de los objetos que encontramos en las ofrendas tiene un significado, tiene una idea de ser o de estar en las ofrendas", explica Elizalde.

"Si no había las águilas que tienen que estar y con ellas pedir un mensaje claro y concreto a los dioses, entonces quizás el mensaje no llega", añade. En ese sentido, el tener animales en un vivario a disposición era un símbolo de poder para Moctezuma II y sus sacerdotes.

En las batallas, los caballeros "águila" o "jaguar" usaban indumentarias de esas especies que era relacionada con su valor o fuerza. Las plumas, como las de las guacamayas, también eran parte de los atuendos relacionados con el poder.

"Cada uno de estos elementos biológicos tenía un significado o un simbolismo. Y eso lo vemos reflejado claramente en las ofrendas, que es el bien más preciado, dado, otorgado, en el Templo Mayor, que es el escenario del templo mayor por excelencia".

Pero hay un "gran enigma" en la investigación del vivario de Moctezuma II: qué evidencias arqueológicas hay de aquel espacio impresionante que describió Cortés hace cinco siglos.

Menos de un año después de la carta, el español y sus hombres arrasaron con gran parte de la ciudad de Tenochtitlan en su objetivo de conquistar el imperio, lo cual lograron en 1521, pero no sin haber descrito su "pesar" y los temibles gritos de los animales en los incendios.

Los restos que pudieran haber quedado de las casas de Moctezuma II donde se ubicaba el vivario y el aviario cercano podrían seguir ahí, pero es un enigma en tanto que es muy difícil que los arqueólogos puedan excavar debajo del Palacio Nacional, la Torre Latinoamericana y el templo del excovento de San Francisco para ver qué queda de eso.

Paradójicamente, explica Elizalde, la reedificación de la ciudad por parte de los españoles encima de muchas construcciones mexicas ha permitido su resguardo durante siglos en el subsuelo de Ciudad de México.

"El rico contexto arqueológico que tenemos es magnífico, sumado a que mucho de ello se conservó gracias a la destrucción de los españoles".

Qué hay a unos metros abajo de las bulliciosas calles del centro de Ciudad de México ha sido una labor de casi 50 años en el Proyecto del Templo Mayor iniciado en 1978 y que desde entonces ha generado (y sigue generando) grandes descubrimientos.

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