Comienza el conteo de la segunda vuelta de las presidenciales en Perú: encuestas a boca de urna muestran empate técnico entre Fujimori y Sánchez

Mujer votando en Perú

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Pie de foto, Más de 27 millones de votantes estaban llamados a las urnas este domingo.
    • Autor, Redacción
    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Fecha de publicación
  • Tiempo de lectura: 7 min

El recuento de votos de la segunda vuelta de las presidenciales en Perú arrancó tras una jornada en la que más de 27 millones de ciudadanos estaban llamados a las urnas para elegir al noveno presidente que tendrá el país en una década.

Los votantes tenían que escoger entre dos candidatos que representan los extremos del espectro ideológico: la derechista Keiko Fujimori, de 51 años y de la formación Fuerza Popular, y el izquierdista Roberto Sánchez, de 57 y representante de Juntos por el Perú.

Los sondeos a boca de urna hechos públicos tras el cierre de los centros de votación pronostican un empate técnico. El de la empresa IPSOS otorga un 50,7% de los votos a Fujimori frente al 49,3% de Sánchez, mientras que el de DATUM sitúa a la candidata conservadora con un 50,53% frente al 49,47% de su rival.

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú. La encuesta, hecha pública en cuanto han cerrado las urnas y realizada por Ipsos, tiene un margen de error del 3%.

Los de este domingo son unos comicios que se siguen al milímetro tras los problemas logísticos y denuncias de fraude de la primera vuelta del 12 de abril, cuyos resultados tardaron un mes en conocerse y en la que Fujimori logró el 17,92% de los votos, frente al 12,03% de Sánchez.

Esta es la cuarta vez que Keiko Fujimori, hija del controvertido expresidente Alberto Fujimori, cuyo legado reivindica, se postula a unas elecciones presidenciales, tras haber perdido anteriormente frente a Ollanta Humala (2011), Pedro Pablo Kuczynski (2016) y Pedro Castillo (2021).

Sánchez, por su parte, se presenta como el heredero político del expresidente Pedro Castillo, de quien fue ministro de Comercio Exterior y Turismo.

Castillo fue condenado el año pasado a 11 años y medio de prisión por los delitos de rebelión y conspiración, tras intentar sin éxito disolver el Congreso y concentrar poderes cuando estaba al frente del Ejecutivo en 2022.

Miles de efectivos fueron desplegados por todo el país de cara a los comicios.

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Pie de foto, Miles de efectivos fueron desplegados por todo el país de cara a los comicios.

Voto urbano frente al voto rural

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Los últimos sondeos mostraban una mínima ventaja para Fujimori o un empate técnico, lo que anticipa que el recuento de votos se prolongará durante varios días.

De hecho, este sábado el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) informó que los resultados finales de esta segunda vuelta no se conocerán hasta mediados del julio, poco antes de la transferencia del mando en el país.

La vocera del JNE, Grecia Rentería, explicó que la certificación de las cifras al 100% se retrasará por la introducción del nuevo proceso obligatorio de recuento de votos en los casos de mesas impugnadas o con observaciones.

Tras los problemas surgidos el 12 de abril, la vigilancia en esta segunda vuelta se incrementó, con cerca de 55.000 observadores dentro y fuera del país, que incluyen a una delegación internacional con más de 500 representantes de instituciones como la Unión Europea (UE) y la Organización de Estados Americanos (OEA), entre otras.

Uno de los factores determinantes en esta elección será el voto indeciso, que representa alrededor del 25% del electorado, según una encuesta del Instituto de Estudios Peruanos publicada la semana pasada.

También será clave la participación en distintas regiones.

"A Keiko Fujimori no le conviene que haya abstencionismo en Lima, su principal bastión urbano, mientras que a Roberto Sánchez no le conviene el abstencionismo en el mundo rural y en el sur del país, donde cuenta con mucha popularidad", le explicó a BBC Mundo el politólogo Alonso Cárdenas, profesor de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya, en Lima, Perú.

En este sentido, la movilización electoral en zonas urbanas versus rurales puede ser decisiva en lo que se prevé que sea un resultado electoral muy ajustado.

Otro elemento determinante, según Cárdenas, es el rechazo histórico hacia ambos candidatos, que funciona como una fuerza política en sí misma.

En el caso de Fujimori, el llamado antifujimorismo activa recuerdos del autoritarismo y la corrupción de la era de Alberto Fujimori; en el caso de Sánchez, pesa su asociación con la gestión de Pedro Castillo, que "se recuerda como una gestión muy desordenada, plagada de corrupción e improvisación".

Perú

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Dos visiones contrapuestas

La inseguridad y la delincuencia han sido dos de los temas prioritarios para los votantes en esta segunda vuelta electoral.

Al aumento de los homicidios se suman los cerca de 30.000 episodios de extorsión denunciados en Perú 2025, muchos de los cuales afectaron a pequeñas empresas o a trabajadores del sector del transporte.

Fujimori ha basado su campaña en una serie de políticas de mano dura contra la delincuencia, declarando la "guerra" a los extorsionadores y prometiendo desplegar al ejército contra el crimen organizado, tomar el control de las cárceles y colaborar con las instituciones financieras para bloquear el dinero proveniente de la criminalidad.

Es precisamente ese enfoque el que hace temer a muchos votantes que se produzca un regreso a la época de Alberto Fujimori —presidente entre 1990 y 2000—, cuya política de mano dura derivó en su encarcelamiento por violaciones de los derechos humanos.

Sánchez y Fujimori presentan visiones contrapuestas sobre el futuro de Perú.

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Pie de foto, Sánchez y Fujimori presentan visiones contrapuestas sobre el futuro de Perú.

Los partidarios de Fujimori contraponen su enfoque de libre mercado y su promesa de atraer más inversión estadounidense a las propuestas de Sánchez: revisar contratos mineros, aumentar ciertos impuestos corporativos, elevar el salario mínimo y otorgar al Estado mayor control sobre los recursos naturales, ideas que han inquietado a los mercados financieros.

Sánchez argumenta que la riqueza derivada de los recursos naturales de Perú no llega a la gente común ni a las comunidades —a menudo rurales— donde se concentra gran parte de la actividad minera.

En cualquier caso, en los días previos a la segunda vuelta el candidato izquierdista matizó su discurso, presentando un nuevo plan de gobierno más moderado y distinto al de los comicios del 12 de abril, y asegurando que respetará la autonomía del banco central y el marco legal que facilita las inversiones, defendiendo la estabilidad macroeconómica como condición necesaria para atraer inversiones.

Sánchez también ha prometido liberar al expresidente de izquierda Pedro Castillo, quien fue encarcelado en 2022 tras intentar disolver el Congreso y gobernar por decreto para evitar un proceso de destitución.

El viernes, un juez dictaminó que Sánchez podría ser juzgado por presuntos fondos de campaña no declarados correspondientes a elecciones regionales celebradas entre 2018 y 2020. Él niega las acusaciones y se prevé que apele la decisión.

Keiko Fujimori también tuvo su propio escándalo: un caso de lavado de activos en el marco del caso Odebrecht. Tras pasar por la cárcel, el Tribunal Constitucional terminó archivando el proceso. La sentencia le permitió volver a ser candidata justo a tiempo para estas elecciones.

Votante en Perú

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Pie de foto, Los peruanos eligen a su noveno presidente en una década.

¿Más inestabilidad?

Más allá de quién resulte vencedor en las urnas, otra gran incógnita es la gobernabilidad del país, en un contexto en el que el Congreso peruano se ha convertido en un actor clave en la estabilidad política, con capacidad de condicionar la acción del Ejecutivo.

En los últimos años, la combinación de un sistema de partidos fragmentado y la ausencia de mayorías sólidas ha desatado una persistente inestabilidad.

La destitución de presidentes y los constantes enfrentamientos entre poderes han reforzado la percepción de que la gobernabilidad depende menos del resultado electoral y más de la capacidad del presidente de construir alianzas en un Congreso altamente volátil.

Ningún partido cuenta con mayoría en el Congreso peruano, aunque el partido de Fujimori posee el bloque minoritario más grande.

Muchos peruanos están agotados por esta inestabilidad.

El año pasado estallaron protestas protagonizadas por la Generación Z, cuyos jóvenes argumentaban que el Estado no estaba logrando combatir la delincuencia, la corrupción y la desigualdad.

Los menores de 30 años representan cerca de una cuarta parte del electorado peruano, y muchos de los que protestaron no creen que ninguno de los dos candidatos pueda lograr un cambio real.

Con reportería de Ione Wells.

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