Análisis: Falklands/Malvinas son un asunto muy sensible para Reino Unido y Trump lo sabe

Una vista panorámica de las islas Malvinas/Falklands con cielos grises. Hay caballos en primer plano y, a través de una bahía, se ve Puerto Argentino/Stanley al fondo.

Fuente de la imagen, Getty Images

Pie de foto, Whalebone Cove, en las islas Malvinas/Falklands.
    • Autor, Joe Inwood
    • Título del autor, Corresponsal de asuntos internacionales de la BBC
  • Tiempo de lectura: 5 min

Si se necesitan pruebas de los impactos geopolíticos causados por la guerra de Estados Unidos con Irán, el hecho de que ahora hayan llegado a las costas de este remoto archipiélago las brinda.

Reportes de prensa sugieren que Estados Unidos podría revisar su postura sobre las islas Malvinas/Falklands, mientras busca opciones para penalizar a los aliados de la OTAN que, a su juicio, no apoyaron su guerra contra Irán.

Durante todo el tiempo que la soberanía de las islas Malvinas/Falklands ha sido una cuestión en disputa, la posición oficial de EE.UU. ha sido la de neutralidad, al tiempo que ha reconocido de facto el control británico.

Además, de manera extraoficial, ha ofrecido apoyo diplomático y, en ocasiones, militar a Reino Unido.

Esto fue más evidente en los acontecimientos que rodearon la invasión argentina de 1982, donde murieron 649 combatientes argentinos, 255 miembros de las fuerzas armadas británicas y tres isleños.

La respuesta inicial de EE.UU. fue intentar una diplomacia itinerante.

Cuando eso fracasó, ofreció apoyo de inteligencia, así como misiles avanzados, a los británicos.

En un documental de la BBC de 2002, Richard Perle, entonces subsecretario de Defensa de EE.UU., dijo: "Gran Bretaña probablemente habría perdido la guerra sin la asistencia estadounidense. Así de significativa fue".

La decisión de alinearse con Reino Unido, sin embargo, nunca ha sido sencilla.

Muchos en EE.UU. sienten una hostilidad instintiva hacia lo que consideran un rezago colonial y hacia el deseo de mantener influencia en América Latina.

Este conflicto se reflejó en un informe desclasificado de la CIA de la época, que señalaba que el apoyo de EE.UU. a Reino Unido podía significar que "las relaciones con varios países (de América Latina) probablemente" se iban a enfriar "durante algunos años".

Pero ese mismo informe también abordaba lo que llamó "la naturaleza especial de los vínculos históricos de EE.UU. con los británicos".

Desde entonces, mucho ha cambiado.

Un vínculo especial bajo presión

Buques de la fuerza naval británica en la isla Ascensión durante una escala en el trayecto de regreso tras la Guerra de Malvinas/Falklands en 1982.

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Pie de foto, Buques de la fuerza naval británica durante una escala en el trayecto de regreso tras la Guerra de Malvinas/Falklands en 1982.
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Esos vínculos han sido puestos a prueba como nunca antes, con el presidente de EE.UU., Donald Trump, abiertamente hostil hacia el primer ministro británico, Keir Starmer, tras su negativa a sumarse a la guerra en Irán.

Al mismo tiempo, Trump ha encontrado un alma gemela geopolítica en la figura del presidente de Argentina, Javier Milei.

Ambos hablan con cordialidad el uno del otro, comparten similitudes ideológicas y también un estilo personal.

Todo esto ocurre en un contexto en el que EE.UU. también ha desplazado explícitamente su foco lejos de Europa y hacia lo que denomina el "hemisferio occidental", es decir, América.

Si EE.UU. cambiara su posición y pasara a apoyar los reclamos argentinos sobre las islas, eso sería "bastante significativo", afirma Ed Arnold, del Royal United Services Institute (RUSI), el principal centro de estudios británico sobre defensa y seguridad, ya que "podría hacer que otros países se movieran en esa dirección también".

"Potencialmente, se podría ver una situación en la que Argentina presione para algún tipo de intervención en la ONU y que EE.UU. apoye o simplemente no bloquee activamente", añadió.

Según James Rogers, del Council on Geostrategy, un centro de estudios internacionales con sede en Londres, "los diplomáticos estadounidenses de manera constante diluyen o bloquean resoluciones que impulsan la soberanía argentina" tanto en la ONU como en la Organización de los Estados Americanos (OEA).

Soldados británicos el 21 de mayo de 1982 en la bahía de San Carlos, utilizando la zona como punto general de desembarco de suministros y equipos.

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Pie de foto, Soldados británicos el 21 de mayo de 1982 en la bahía de San Carlos, utilizando la zona como punto general de desembarco de suministros y equipos.

Las islas Malvinas/Falklands son consideradas por la ONU como un "territorio no autónomo" y están sujetas a un debate continuo por parte del Comité Especial de Descolonización, que ha alentado el diálogo entre británicos y argentinos.

Esto ha sido resistido durante mucho tiempo por los británicos, que consideran a las islas como territorio soberano.

Esa posición cuenta con el respaldo de los propios isleños, que votaron de manera abrumadora en un referéndum para seguir siendo parte de Reino Unido.

En una intervención en un acto de la ONU sobre descolonización, Phyl Rendell, de la Asamblea Legislativa de las islas Malvinas/Falklands, señaló que "cuando las islas Malvinas/Falklands fueron pobladas por primera vez, desde mediados de la década de 1750 en adelante, eran efectivamente una colonia; al igual que países vecinos como Chile, Argentina y Brasil fueron poblados por colonos provenientes de Europa y de otras partes del mundo".

En síntesis, para los isleños se trata de una disputa entre dos naciones poscoloniales.

Para Ed Arnold, del RUSI, lo importante es observar qué forma adopta, si es que adopta alguna, un cambio de posición de EE.UU.

"Si proviene de Trump, ocupará los titulares, pero eso no significa necesariamente que la maquinaria del gobierno estadounidense se esté moviendo hacia un cambio", aseguró.

A pesar del nivel sin precedentes de control que Trump está ejerciendo sobre algunas partes del gobierno, eso no se traduce automáticamente en lo que sucede en las oficinas gubernamentales.

"Todavía hay mucha burocracia que probablemente querrá mantener el statu quo", dijo Arnold.

Cambiar eso requiere más que una orden ejecutiva presidencial, afirmó el experto, y añadió que con "todo lo demás que está ocurriendo en EE.UU., esto no va a ser una prioridad presidencial".

Sin duda, esta historia provocará muchas más repercusiones en Reino Unido que en EE.UU., y al final ese puede ser el objetivo.

Trump ha demostrado repetidamente su deseo de utilizar una diplomacia transaccional para presionar tanto a aliados como a adversarios.

El mandatario estadounidense sabe que las islas Malvinas/Falklands son un punto de presión para Reino Unido, pero irrelevantes para EE.UU., lo que para él representa una oportunidad de influencia.

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